marzo 2009

Monografías: Patrick Daughters

"Wrong" es la nueva carta de presentación de los sempiternos Depeche Mode, para su "enésimo" álbum en el mercado: Sounds of the universe. Atrás quedó ya la época en que el grupo de Essex dejaba en manos del fotógrafo Anton Corbijn todo lo referente a su imagen visual: videoclips, fotografías, diseño gráfico, etc. Aunque lo cierto es que la alternativa en la dirección vídeo musical (Patrick Daughters), para su mencionado nuevo single, no dista demasiado de la visión inquietante y poética del "holandés herrante". Un vídeo donde la intriga de la narración obliga al necesario visionado completo. Toda una muestra del control discursivo del tiempo de la narración.



Esta nueva aportación del director de Berkeley no es sino un ejemplo más del carácter inquieto de un realizador que tiene en el eclecticismo su sello de identidad. Patrick Daughters es un director muy completo, consciente del valor de la técnica y del dominio de la narración, y sabedor del poder de la creatividad y la originalidad cuando se trabaja con presupuestos más modestos (impensables para España pero modestos para la escena independiente norteamericana). Herencia ésta tomada de los grandes gurús de la denominada edad de oro del vídeo musical (finales de los noventa) donde la imaginación de directores como Michel Gondry, Spike Jonze o incluso Mark Romanek otorgaría al vídeo musical una categoría negada hasta el momento; y es que el videoclip empezaba a ser visto con ojos artísticos y no como simples piezas promocionales.

Las obras de Patrick Daughters se caracterizan por su afán por la experimentación, por su necesidad de innovación, de constituir una nueva aportación visual, y por estar delimitadas por una búsqueda de continuidad en el discurso: bien mediante el uso de máscaras de composición ( Interpol, "No I in threesome" ), el plano secuencia ( Feist, "1, 2, 3, 4" ), los planos sonoros ( Secret Machines, "Lightning Blue Eyes" ), el montaje rítmico ( Kings of leon, "4 Kicks" ), o bien mediante, simplemente, la exigencia estilística de las peculiaridades de la narración ( Beck, "Nausea" ).

Siguiendo y profundizando un poco más en el eclecticismo de este director, propongo la revisión de algunos de sus vídeos. Vídeos que van desde las obras aparentemente más simples, en donde la coreografía es el único referente, a obras en donde la experimentación musical exige de un mayor "frikismo" narrativo (si es que existe algo así); pasando por el típico vídeo de actuación. Echemos un vistazo:

- Feist, "1, 2, 3, 4"

Excelente trabajo coreográfico. Elaborado de principio a fin como plano secuencia, este vídeo fue nominado a los grammy como mejor vídeo del año aunque, finalmente, tuvo que conformarse con el premio británico CADs Music Vision Awards al mejor vídeo internacional. Como en toda gran obra de ficción, el vídeo tiene truco y si no que se lo pregunten a Bat for lashes: no sé cuál es mejor.






- Blood Brothers, "Laser life"

Videoclip que recuerda a anteriores trabajos de Michel Gondry (Steriogram, "Walkie-Talkie Man") en los que se mezcla la imagen real con tomas grabadas en stop-motion.




- Kings of leon, "The Bucket"

Un buen ejemplo del uso de la composición. Con la aparición de los grandes éxitos de películas basadas en personajes de cómics muchos han sido los directores que han terminado dividiendo la imagen para así encontrar mayores similitudes con dicho lenguaje ilustrado. Este videoclip no es el caso, pero sí un buen punto de partida para el mismo.



- Yeah Yeah Yeahs, "Gold Lion"

Patrick Daughters se dio a conocer gracias al primer trabajo que realizó para esta banda neoyorkina: "Maps". Un vídeo basado en la naturalidad de la puesta en escena y punto de partida de la relación de ambos artistas. Este "Gold lion" surgió como single de presentación del segundo trabajo del grupo y se aleja del aparente "amateurismo" de anteriores colaboraciones para ofrecer una pieza de gran calidad cinematográfica.




- Liars, "Plaster casts of everything"

Videoclip que se aleja de cualquier encasillamiento del realizador. Un videoclip que podría estar firmado por Chris Cunningham y pensado por el mismísimo David Lynch, se complementa perfectamente con las necesidades estilísticas de la música que acompaña.




Hasta aquí la primera de las monografías visuales. No sé cuándo estaré en disposición de hacer una segunda entrega ni quién será el agraciado pero como dirían por ahí: "stay tune".

El arte de lo desagradable

Bloc Party acaba de sacar a la luz un nuevo vídeo musical: "Signs". La canción ha sido remezclada por Armand Van Helden, lo que unido a la estética escogida para la ocasión, dota a la pieza de un tenebrismo que recuerda a los trabajos de Chris Cunningham o Floria Sigismondi.

Mutaciones que se insinúan a la cámara en tono "burlesque" aderezado por un tratamiento de la imagen basado en la recreación y el detalle. Su autor, Hiro Murai, nos sumerge en un submundo donde habitan seres-máquina supeditados al sonido de sus mutaciones y en donde el ambiente degradante es el signo de captación. ¡Hay que ver cómo nos gusta la carnaza!

Una lástima el momento boca vaginal. No viene a cuento.


Bloc Party, "Signs (Armand Van Helden remix)" (Hiro Murai)

Déjame entrar

El pasado fin de semana (5-8 de marzo) tuve la suerte de poder asistir a la VI Muestra de Cine Fantástico Sci-fi. Una buena oportunidad para disfrutar de nuestros deseos y aficiones más ocultos . ¿Por qué no se celebrarán más festivales de este estilo en la capital? ¡Si no cabía ni un alfiler!

Una recomendación: "Déjame entrar" (Let the Right One In, Tomas Alfredson, 2008).

Pues bien, el vídeo musical, en su constante caminar de la mano del séptimo arte, también ha visto en el terror, la fantasía o, simplemente, la carnaza; una buena manera de distorsionar la realidad y llamar la atención. El primer ejemplo que nos debe llegar a la memoria es el mítico "Thriller" (John Landis, 1983) del alienígena Michael Jackson. Todo un alarde de narración que supera el tiempo de duración de la canción (primer experimento vídeo musical al respecto). 15 minutazos de zombies y terror serie B que sentaría las bases de la libertad creativa del lenguaje audiovisual.
Pero, dejando de lado por un momento a las viejas glorias, echemos un vistazo a las últimas incursiones del género en:

-la serie B:

Animal Collective, "Peacebone" (Timothy Saccenti)







Bloc Party, "Mercury" (Ace Norton)







-el cine de zombies:

El Guapo Stuntteam, "Battle across the stereo spectrum" (Toon Aerts)







El Guapo Stuntteam, "Back from the grave" (Toon Aerts)








-el cine de vampiros:


The Kills, "Black Balloon" (Kenneth Cappello)






-el cine fantástico:


Rob Dougan, "Clubbed to death" (David Slade)








Röyksopp, "Happy up here" (Reuben Sutherland)




-el cine Gore:

Telefon Tel Aviv, "Immolate Yourself"




-cine de terror:

The Horrors, "Sheena is a parasite" (Chris Cunningham)






-y un clásico:

Aphex Twin, "Come to Daddy" (Chris Cunningham)



No están todos los que son, ni son todos los que están; pero ha quedado una buena muestra. Aceptamos sugerencias.

“¡El cine nació siendo un vídeo musical!”

Ésta fue la contundente afirmación de Walter Murch (montador habitual del primigenio Coppola) al descubrir que, ya en los albores del cine, los discípulos de Edison realizaron los primeros experimentos de sincronía entre imagen y sonido.

Desde entonces, muchos han sido los cambios que ha sufrido dicho lenguaje hasta llegar al clip actual. Con The Beatles, y sus películas (por ejemplo, ¡Qué noche la de aquel día! (Richard Lester, 1964)), el cine descubrió la promoción musical audiovisual y una nueva forma de entender dicho lenguaje. Queen y su “Bohemian Rhapsody” (Bruce Gowers, 1978) establecieron que el clip musical no sólo constituía una mera obra narcisista (en este caso, la oficialmente primera de ellas) sino que podría resultar verdaderamente efectivo a la hora de vender discos. Dato que certificaría Michael Jackson y su “Billy Jean” (Steve Barron, 1983), tras la emisión del cual sus ventas se dispararon hasta los 40 millones de discos vendidos.

Con la llegada de los ochenta, exactamente el 1 de agosto de 1981, sale a la luz la primera cadena de televisión especializada en música: MTV. Un boom mediático que se tradujo en una constante proliferación de vídeos musicales de muy diversa factura, produciéndose así el pistoletazo de salida del vídeo musical tal y como lo conocemos. El resto de la historia más o menos la conocemos todos: grandes producciones, nuevos descubrimientos tecnológicos aplicados al lenguaje audiovisual y, sobre todo, una progresiva alfabetización visual derivada de la exhibición continuada de piezas vídeo musicales. Sin embargo, todo se traduce en promoción y venta de discos. Una promoción que se ha visto mermada con el tiempo. Actualmente, son prácticamente nulos los espacios televisivos dedicados al clip musical. De hecho, los denominados canales especializados también han ido reduciendo el tiempo dedicado a este tipo de productos en favor de propuestas menos auténticas y consecuentes con el objeto temático del canal. El “reality” se ha adueñado de las ondas herzianas y ha llegado para quedarse, …desgraciadamente. ¿Realmente es esto lo que el espectador demanda? Lo cierto es que el éxito de páginas como youtube o myspace confirman lo contrario. Las entradas de vídeos musicales se cuentan por miles, diariamente, y las reproducciones de vídeos como “House of cards” de Radiohead alcanzan más de seis millones; y el medio televisivo sigue sin hacer ni caso.

Top of the clips surge como una alternativa “bloguera” al programa musical convencional. Un lugar donde mostrar las novedades del sector y tener en la retrospectiva una forma de aprendizaje. Un espacio que tratará de indagar en las nuevas tendencias estéticas y en donde la consideración artística del vídeo musical será una constante. El vídeo musical es el campo de pruebas del siglo XXI, por tanto, “dejad que las imágenes se acerquen a mí”.




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